viernes, 26 de octubre de 2007

El Zorzalito de Tambores

Este blog fue abierto como resultado de una involuntaria discusión sobre el polémico origen de Gardel, surgida en un lugar no habilitado a ese fin, como lo es la Mesa de Tango de la página "Todo Tango", http://www.todotango.com/spanish/main.html
Invito al Sr. Enrique Oscar Limonchi, que fue quien introdujo este tema en ese lugar, a continuar aquí el mismo, así como a todos aquellos que deseen intercambiar opiniones sobre verdades y fantasías publicadas sobre el Zorzal criollo: Carlos Gardel.
El Sr. Limonchi pidió le fuera explicada "renglon por renglon lo que significa cada frase" del siguiente poema:


Como cada lector tiene el derecho a hacer su propia interpretación de lo que lee, me limitaré a explicar lo que yo quise decir en este poema, escrito en año 2002, musicalizado por el guitarrista Mateo Villalba, grabado instrumentalmente en el año 2003 y editado finalmente en el año 2005.

Desde luego, toda reconstrucción histórica, a pesar de los indicios o pruebas conocidas, es siempre conjetural.

Al Zorzalito de Tambores

El otario de tu viejo / por malandra roncador:
Se refiere por supuesto al Coronel Escayola, quien ejercía en Tacuarembó de 1882 un poder absoluto.

el lujo de ser “El Padre” / del Mudito se perdió:
Juzgo que ser reconocido como el padre de Gardel es un honor deseable que este mal señor se perdió por no haberlo reconocido

Y tu madrecita piba, / de tan sumisa, vivió
vacía de tus caricias / y encanada en su dolor:
María Lelia tenía alrededor de 14 años al dar a luz a Gardel y no tuvo opción, en aquella época las “señoritas de buena familia” no tomaban decisiones. Los tornos se crearon justamente para esconder los “pecados” de las señoritas de buena familia y asegurar la atención de sus hijos.
Las peonas como Manuela Bentos, en cambio, se hacían cargo de sus hijos y en este caso, también de uno ajeno.

Pero toda la ternura / que te negaron los dos,
de una francesa golpeada / por la vida te llegó.
La vida en aquella época no era fácil para una planchadora que además era madre soltera.

Y vos, víctima inocente / de una fule sociedad,
gambeteando mufa y barro / llegaste a ser inmortal.
Esto no necesita explicación.

Le fuiste fiel a tu pago, / -ése que te vio nacer-,
y te hiciste a Buenos aires / del derecho y del revés.
El amor que Gardel siempre tuvo hacia el Uruguay solamente se explica porque uno siempre se siente ligado al lugar donde nació, él como nadie sabía y sentía que su fama se la debía a Buenos Aires y al barrio que lo forjó.

Siempre acechando la infancia / que pudo ser y no fue,
tu corazón invadían / Tacuarembó y Valle Edén.
Sus viajes a Tacuarembó y su relación con la gente de aquel lugar sólo son explicables si Gardel fue un tacuaremboense.

Pero por esas razones / que hacen a un varón de ley
le hiciste gamba a tu Berta / y te mentiste francés.
Personalmente creo que Gardel se dijo francés porque Defino lo convenció de que esa era la mejor manera de asegurar a su madre, que no por ser adoptiva era menos madre suya que la biológica.
Destaco que la convicción de que el testamento era auténtico pero no veraz ya estaba expresada en estos versos, antes de que el Comisario Torre demostrara su autenticidad
Lo demás no necesita explicación.

El tiempo, que cura heridas / y los errores también,
hoy trata de devolverte / lo que vos supiste ser:
Criollo desde el origen, / porteño como el gotán,
más de Almagro que el Abasto, / más reo que el arrabal.
Pero tan alto y de todos / como el cielo universal
y más eterno en tu canto / que la eternidad...¡Zorzal!

Malandra: malandrín
Roncador: despótico
Encanada: en la cárcel
Fule: falso
Mufa: infortunio
Hacer gamba: dar apoyo

Algunas de las palabras lunfardas usadas tienen más de una acepción, puse aquí el significado que corresponde a este poema.

Creo conveniente aclarar también que Tambores es una villa que se encuentra en el limite departamental entre Paysandú y Tacuarembó en Uruguay.

Dice Nelson Bayardo

“Según acta nº 116 del Registro Civil de Salto, Uruguay, de fecha 8 de diciembre de 1903, doña Tomasa, madre de Irineo Leguisamo, inscribió el nacimiento de su hijo, sin padre conocido, ocurrido el día 20 de octubre de 1903 . Ahora bien, según acta nº 44 del departamento de Tacuarembó, doña Tomasa procede al RECONOCIMIENTO de Irineo como hijo- como corresponde a su condición de hijo natural- el día 14 de noviembre de 1935, en un hecho aparentemente inexplicable, pues lo hace nada menos que 32 años después .
Sin embargo, el hecho resulta explicable si se tiene en cuenta que tres meses antes, el 13 de agosto del mismo año, se había abierto el testamento de Gardel, con una madre francesa INVENTADA, en una historia que la señora Leguisamo conocía muy bien. La grabación de la entrevista de Avlis, (el primer investigador de la historia de Gardel en Tacuarembó) a doña Tomasa, REGISTRA CLARAMENTE su sorpresa cuando, interrogada sobre si Gardel era francés, contesta casi airadamente: -“¿Gardel francés? ¡Qué va a ser Gardel francés!. Gardel es de Tacuarembó. Lo llamaban el Zorzalito por Tambores, siendo mozo.”
Luego de la aparición del testamento y frente al temor de que, llegado el caso pudiera “surgirle” a su hijo Irineo otra madre –no necesariamente francesa-, doña Tomasa, 32 años después, tomaba sus precauciones.”
Es de una simplicidad conmovedora la reacción de doña Tomasa y dice mucho más del asunto que lo que podrían decir las palabras.
Carlos Gardel fue visto por Tambores en su adolescencia, pequeño poblado en el límite con Paysandú, de donde era oriundo Leguisamo.
Es interesante recordar que en una entrevista que La Nación le hizo a Leguisamo el 23 de junio de 1985, este, que siempre ocultó celosamente el origen tacuaremboense de Gardel, tuvo un lapsus esclarecedor y se le escapó aquello tan largamente ocultado:
“Manteníamos (con Gardel) una rivalidad permanente por Paysandú y Salto, los pueblos de donde veníamos”, inmediatamente se dio cuenta de la gafe y añadió ”aunque Carlos era francés y con carta de ciudadanía uruguaya”(cuando era harto conocido que tenía ciudadanía argentina.)
En cuanto a Paysandú, era el nombre inicial de Tacuarembó.

2 comentarios:

le franzuá gardeliné dijo...

El otro Homero Manzi
El paso por la militancia estudiantil visualizado en dos poemas (y la yapa) de quien "antes de ser hombre de letras prefirió hacer letras para los hombres".
Por Raúl María Callegari


Barrio de tango, Betinotti, Cornetín, Che bandoneón, Desde el alma, Discepolín, El pescante, El último organito, Esquinas porteñas, Fuimos, Malena, Mano Blanca, Milonga del 900, Milonga sentimental, Monte criollo, Negra María, Ninguna, Oro y Plata, Romance de barrio, Sur, Viejo ciego....Esta arbitraria e incompleta lista de valses, milongas y tangos no es una simple enunciación alfabética. Seguramente no existe adulto en nuestro país que no pueda como mínimo tararear una o muchas de estas canciones. Todas tienen un lugar común: el autor de sus letras. Alguien que nació en Añatuya, Santiago del Estero el 1 de noviembre de 1907 bajo el nombre de Homero Nicolás Manzione Prestera, y que cuando murió en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951 (muy joven aun, tras luchar por años contra una cruel y dolorosa enfermedad) era para el pueblo argentino, simplemente HOMERO MANZI.

Hombre de la Cultura con mayúsculas que es la Cultura Popular, Manzi fue un auténtico poeta, aunque nunca publicó libros de poesía. Apeló a recursos tan ricos como las metáforas. Los entendidos afirman que no profundizó en el camino del surrealismo para evitar que su mensaje perdiera claridad. Ni siquiera utilizó el lunfardo como estaba en boga en los autores tangueros de su época. No tuvo necesidad de tal recurso para pintar como pocos a los sectores populares urbanos. Sus letras no relatan hechos reales ni sermonean sobre valores y gestos de buena moral. El barrio fue su escenario base. Desde allí retrató con calidez las personas y las cosas a los que expone en aparente igualdad. Así nos puede emocionar evocando a un tiempo a “Juana, la rubia que tanto amé” como a un farol balanceando en la barrera. Y como sus versos están repletos de nostalgia, la evocación se pierde en el misterio de adiós que siembra el tren.

Pero existe otro Manzi que previo a este posibilita la existencia del vate posterior. Es el que a los 17 años comienza a interesarse en la política, abriendo un Ateneo de la Unión Cívica Radical. ¡Ateneo! Palabra mayor para los querendones y feos de toda fealdad estético-arquitectónica comités de la Causa. Esos locales que frecuentaban tipos como Pizarro, a zigzagueantes horcajadas de su etílico caminar entre un tiempo que ya no era el suyo y otro que no terminaba de empezar a ser para esos lúmpenes orilleros adquiridos a todo por dos pesos (junto con la Ley Sáenz Peña) por don Hipólito a Cayetano Ganghi o al Petiso Orejudo para que se sumaran a las huestes cívicas. Homero fue piadosamente cruel en su descripción:

Con un vaivén de carro iba Pizarro,
perfil de corralón,
cruzando con su paso
los ocasos del barrio pobretón
A los 19 años ingresa a la Facultad de Derecho. Fue todo un deslumbramiento que mereció que hasta numerara en el título los versos de la oda elegíaca:

42 versos a la Facultad de Derecho
La Facultad de Derecho es una casa vieja.
La trajeron —pretendo— de Lovaina o de Lieja
en una tarde fría y otoñal,
y en la ciudad ruidosa
fue un asombro ojival.
En su torre, doliente como un sueño inconcluso,
dialogaron sus noches porteñas y los vientos
con silbidos de jarcias y con lamentos
de gatos lunáticos y confusos.
Una luna porteña, que remontó en la esquina,
barrilete nocturno de arrabal,
caloteó dos palomas en Puente Alsina
y las tiró por su ventanal.
Palomas proletarias que hicieron nido con sus ladrillos,
igual que en los tejados de las aldeas,
igual que en la techumbre del conventillo.
Y la extranjera consistorial
ensayó un paso en la cuerda floja de la emoción,
cuando la plateada galleta marinera
con corazón de pan
le tiró las monedas de su amor,
y en la resurrección sensiblera le brotó un corazón
que en sístoles de huelgas
y en diástoles de gritas
efectúa la cardiaca revolución.
Corazón que practica
la leyenda hipocrática de dormir a la izquierda,
hecho con las estrías de cien muchachos locos
que sueñan con la paz
y que hacen la simbiosis
—pampeanamente rara—
de Yrigoyen y Marx.
Pero está cerca el día de los tejados muertos,
el día de la buena ración,
cuando se vuelen las palomas
y se detenga el corazón.
Entonces esa luna de arrabal
se quedará en el cielo del almacén,
y la extranjera consistorial
volverá a ser un asombro municipal.
Que así no sea.
Amén.

Mientras estudia y milita en la “extranjera consistorial”, (mas lo segundo que lo primero en rigor de verdad), se gana el mango en puestos sin duda acordes a su capacidad intelectual, pero conseguidos sin duda en homenaje a su militancia. No hay que ser muy perspicaz para entender que sus nombramientos como docente de las cátedras de Castellano e Historia que dicta en los colegios Domingo F. Sarmiento y Mariano Moreno de la ciudad de Buenos Aires, pasaron antes por el ukase aprobatorio de don Vicente Scarlatto en su cueva de enfrente a la cueva del Peludo en la porteña calle Brasil, que de la currícula del Ministerio de Instrucción Pública Después de todo el joven Manzione entre Yrigoyen y Marx, se quedó desde el vamos con el primero.
Tiene 23 años cuando en 1930, a punta de pistola frente a tanto trucho “estudiante Aguilar” o “socialistas Maestros de la Juventud” que predican el “animémonos y vayan”, intenta la ocupación de la Facultad de Derecho en repudio al golpe militar del 6 de septiembre que derrocó al presidente radical Hipólito Yrigoyen. Dicha actitud le trajo como consecuencia la expulsión de la Universidad de Buenos Aires. Rebelde, admirador de José Hernández y Leandro N. Alem, tomaba partido por la "chusma" en su pelea contra la oligarquía.
Lo cierto es que con la expulsión de la Universidad llega también la exoneración de las cátedras que la "causa" le había facilitado en el Mariano Moreno y el Sarmiento. Adiós sueño de doctor. Adiós planes de estudio sistemático de la cultura. La vida se da vuelta y esto es definitivo para que aquel deseo que le había comunicado a Jauretche, al decirle que "antes de ser hombre de letras prefiero hacer letras para los hombres", comenzara a concretarse. En un fragmento de 30 años, largo poema autobiográfico, recuerda ese período de su vida, desde el día en que ilusionado con su diploma de bachiller llega a la Facultad de Derecho porteña, esa casa vieja, traída de Lovaina o de Lieja, hasta el amargo momento en que las nuevas circunstancias políticas le dieron una soberana patada en el culo a sus sueños:

"...Con él franquee la puerta medieval del Derecho.
Leí filosofía. Estudié introducción.
Un discurso de Howard. "El Chaco y sus obreros".
Abandoné los libros y me hice luchador.

No supe hacer distingos entre el verbo y el gesto
peleando por la idea sin sombra de interés.
Cuando me ví expulsado quise hacer un recuento
y tenía un poema y un amigo entre cien.

Yo que había soñado con redimir al mundo
y me sentía soldado de una falange ideal
cuando ví lo ridículo, dejé caer los puños
y me perdí en las sombras de mi vida trivial.

Volví a la convivencia de la barriada burda.
Dejé perder la gloria de mi destino grande.
Tomé la calle angosta y le canté a la luna.
Y la gente del barrio se detuvo a escucharme..."

La yapa ciclotímica
Y vaya si se detuvo, ese enorme barrio simbólico que es la Argentina, bipolar como una mina y ciclotímico como un mino, alterna sus horas de gloria y desazón de una manera que solo un grande como Manzi pudo describir en tal vez su mejor letra (y si es así, la mejor letra de tango jamás escrita). Me refiero a El Pescante, donde se pasa de la brillante gloria de

Yunta oscura trotando en la noche.
Latigazo de alarde burlón.
Compadreando, de gris, sobre el coche,
por las piedras de Constitución.
En la zurda amarrada la rienda,
se amansó el colorao redomón
y, como el, se amansaron cien prendas
bajo el freno de su pretensión.

Al hastío cotidiano, derrotista y aparentemente irremediable de:

Tungo flaco tranqueando en la tarde.
Sin aliento el chirlazo cansao.
Fracasao en el último alarde
bajo el sol de la calle Callao.
Despintao el alón del sombrero,
ya ni silba la vieja canción,
pues no quedan ni amor ni viajeros
para el coche de su corazón.

Toda una parábola de una Argentina que pasa alternativamente y sin cambiar de andén de ser el mejor país del mundo a un infierno del que hay que escapar cuanto antes. Aunque cuando la diáspora argentina, donde esté, escucha un tango de Homero, el saque de nostalgia que esto conlleva le impulsa a correr al primer avión que retorne a donde perfumes de yuyos y de alfalfa le llenen de nuevo el corazón. Pero esto no pasa de ser un vano impulso, porque lamentablemente en muchos casos la Patria es solo arena que la vida se llevo, pesadumbre del barrio que ha cambiado y amargura del sueño que murió.

Raúl María Callegari.
Escuela de Historia. Universidad Nacional de Rosario
raulcallegari@yahoo.com.ar

HACHE 3 dijo...

CUANDO VEAMOS FOTOS DE GARDEL CON SU MADRE JUNTOS,,Y DIGO AL MENOS 3 DE NIÑO DE ADOLECENTE Y YA DE GRANDE FAMOSO,,,O QUE PASO HABIAN Y FUERON QUEMADAS LAS DE charles gardes,POR PEDIDO DE DEFINO A BERTHE ASI COBRABAN LA HERENCIA,,CHORROS DEL 1ERO AL ULTIMO